







Tenemos que actuar, y rápido. Esa se la consigna de todos aquellos que diariamente luchan porque se haga algo para prevenir los inminentes efectos del cambio climático.
No solo se trata de la extinción de especies de animales, de las drásticas temperaturas o delagotamiento de los recursos naturales, en juego –además de nuestras vidas y la de las próximas generaciones- está nuestra alimentación.
En este último aspecto se centra el libro de Julian Crib, titulado “The Coming Famine: The Global Food Crisis and What We Can Do to Avoid It”, en el que sostiene que a mediados de siglo surgirá una escasez catastrófica de alimentos en todo el mundo.
“Sus predicciones pintan un cuadro sombrío de la tormenta perfecta que podría amenazar las vidas de cientos de millones de personas: las poblaciones crecerán a 9,2 millones en el 2050 y en consecuencia se requerirá el doble de alimentos que hay hoy en día, lo que superará la producción. Junto con impredecibles y extremos patrones climáticos, las sequías afectarán a los más vulnerables y provocarán malas cosechas, disturbios por alimentos y guerra. Los precios de los alimentos inevitablemente subirán por una demanda creciente de aquellos ricos en proteínas como carne, leche, pescado y huevos. La creciente escasez de agua y la poca productividad de las tierras obstaculizarán más la producción mundial de alimentos”, señala un artículo de la revista “Time”.
Justamente esta semana los líderes de 193 países están reunidos en Cancún con el objetivo de llegar a un acuerdo que permita combatir de una manera más efectiva los problemas generados por el calentamiento global.
Fuente: El Comercio
Imágenes: Eduardo Cardozo




Ginebra (EFE). Los principales gases de efecto invernadero han alcanzado niveles históricos desde la era preindustrial, pese a la recesión económica de los últimos años, advirtió hoy la Organización Mundial de la Meteorología(OMM).
En su informe anual, que refleja datos referidos al 2009, la OMM señala que se ha incrementado en la atmósfera la carga de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso -los principales gases de efecto invernadero- en un 27,5 por ciento entre 1990 y 2009, y en un 1 por ciento entre 2008 y 2009.
“Y si no se hubieran tomado medidas para su reducción a escala internacional, las concentraciones habrían sido aún mayores”, señaló el secretario general de la OMM, Michel Jarraud. El informe fue difundido a cinco días de que comience en Cancún (México) una nueva conferencia de la ONU sobre cambio climático, en la que la comunidad internacional debatirá cómo reducir las emisiones y paliar el calentamiento global.
La organización afirma que a lo largo de los 10.000 años anteriores a la era industrial, que comenzó a mediados del siglo XVIII, el CO2 se mantuvo a unos niveles casi constantes, de 280 ppm (número de moléculas del gas por millón de moléculas de aire seco). Pero, desde 1750, el CO2 aumentó en un 38 por ciento a causa especialmente de las emisiones de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y el cambio en el uso de la tierra.
El CO2 es el gas antropogénico de efecto invernadero más abundante en la atmósfera, pues contribuye al 63,5 por ciento del forzamiento radiativo global inducido por estos gases de larga duración, entendiendo por “forzamiento radiativo” la diferencia entre la radiación que entra en la atmósfera y la que sale.
En cuanto al metano, que es el segundo gas de efecto invernadero más importante, su concentración en la atmósfera aumentó un 158 por ciento desde 1750, debido principalmente al crecimiento de las emisiones procedentes de las actividades humanas, como la cría de ganado, el cultivo de arroz, la explotación de combustibles fósiles y los vertederos.
La OMM recuerda que el 60 por ciento de las emisiones de metano son de origen humano, y el 40 por ciento restante procede de fuentes naturales, como humedales.
“El permafrost de las regiones septentrionales contiene grandes reservas de carbono orgánico y de clatratos de metano. Un calentamiento rápido y el derretimiento del permafrost pueden dar lugar a la emisión de grandes cantidades de metano a la atmósfera, lo que contribuiría aún más al calentamiento de la Tierra”, señalan los expertos.
Fuente: El Comercio